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Cambio climático

Aumenta la prima de riesgo ambiental

20/08/2012

Mientras intentamos reducir la prima de riesgo de la deuda, la prima de riesgo ambiental no para de crecer y no hacemos nada o casi nada. Una correcta fiscalidad ambiental podría ser una herramienta útil para combatir el cambio climático y ayudar a poner en marcha la transición hacia un cambio de modelo.

A lo largo de este verano estamos comprobando, y sufriendo, en directo, las consecuencias más evidentes de un cambio climático que está afectando a nuestro día a día. A las temperaturas desmesuradamente elevadas que están rondando los 40 º incluso en los lugares más frescos de la península ibérica, hay que unir una sequía que está secando fuentes, haciendo desaparecer ríos y laminando pozos, mientras aumenta la vulnerabilidad del territorio y los incendios provocan tragedias ambientales, económicas y humanas, desoladoras.

Por si esto fuera poco, los científicos de la NASA advertían hace unos días que el deshielo en Groenlandia ha batido records en la primera semana de agosto debido a una cresta inusualmente fuerte de aire caliente, o cúpula de calor. Las consecuencias de esta evolución han sido ampliamente difundidas y explicadas: incremento del nivel del mar, con la consiguiente desaparición de islas, inundación de buena parte de las zonas costeras, etc. El panel sobre cambio climático de Naciones Unidas, que responsabiliza principalmente a las emisiones de gases de efecto invernadero por el calentamiento global, proyecta un aumento en los niveles marítimos de entre 18 y 59 centímetros para 2100.

Las consecuencias de todo este panorama son claras: calor asfixiante (con sus correspondiente afecciones sobre la salud humana), problemas de abastecimiento de agua de boca, agotamiento de las reservas hidráulicas, etc., sin olvidar las repercusiones económicas de una situación de estas características: La ola de calor y sequía que afecta EE UU, ha supuesto la pérdida de cerca de un 50% de las cosechas, provocando un cambio de opinión drástico en la sociedad norteamericana que aumenta su preocupación respecto al cambio climático.

El territorio en su conjunto se está viendo notablemente influido y modificado por esta realidad que obliga a replantear hábitos en  buena parte de los sectores económicos: las cosechas se ven comprometidas o alteradas en su calendario habitual, el turismo debe adaptarse a la nueva realidad, etc. El Informe Stern estima que si no actuamos, los costes globales y los riesgos del cambio climático equivaldrán a la pérdida de al menos un 5% del PIB global anual, ahora y siempre. Teniendo en cuenta una mayor diversidad de riesgos e impactos, las estimaciones de los daños podrían alcanzar un 20% o más del PIB1 .

Ante esta situación, es preciso actuar en múltiples direcciones a la vez:  Incrementando las políticas de reducción de emisiones de CO2, potenciando mecanismos de compensación, adaptando las distintas actividades a la nueva realidad, pero sobre todo, poniendo en marcha un cambio de modelo que detenga el desastre al que parece que ahora estamos abocados. En este sentido, instrumentos como la fiscalidad ambiental pueden ser una buena herramienta que nos ayude a potenciar comportamientos más responsables a la vez que contribuyen a financiar el necesario cambio de modelo.



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