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El futuro de la economía depende de las “empresas con alma”

El futuro de la economía depende de las “empresas con alma”
09/02/2015

La sociedad demanda una evolución del modelo económico. Pasada la Revolución Industrial y la Era de la Información, desacreditada la banca y gestionando una crisis derivada de la especulación, se hace más urgente que nunca el desarrollo de nuevos modelos que permitan hacer una economía más sostenible para el planeta y que ponga al hombre en el centro de la economía. Estas fueron algunas de las reflexiones plateadas en el marco de las I Jornadas de Buenas Prácticas de las Empresas de la Economía del Bien Común celebrado hace unos días en Medialab Prado de Madrid.

En el encuentro, además de compartir experiencias, se tendieron puentes con otras organizaciones que llevan años trabajando con una nueva perspectiva económica. REAS, ATTAC, Oui Share o SETEM, entre otras. Esta sintonía entre organizaciones es la muestra de que algo está cambiando, y aunque aún es minoritario, es ineludible e imparable.

Para el experto en economía y embajador de la Economía del Bien Común en España, Francisco Álvarez, “El crecimiento infinito es imposible. A lo largo de la historia, para que haya un crecimiento, ha debido producirse antes una involución y esa válvula reguladora han sido las grandes epidemias y las guerras. Los empresarios de hoy en día se plantean nuevas vías de desarrollo y tenemos muchas experiencias que nos demuestran que la ética y la transparencia es posible y no está reñida con la obtención de los beneficios. Al contrario, cuantos más beneficios mejor, si se obtienen respetando a las personas y al entorno. Lo importante es cómo se usan esos beneficios”.

¿Un trabajo para toda la vida o un trabajo que tenga vida?

Casi un centenar de empresas se dieron cita en este encuentro de Buenas Prácticas de la Economía del Bien Común. Empresas de todos los tamaños y sectores. Desde un gabinete de psicología, consultoría informática, empresas sociales, diseñadores, agencias de comunicación y servicios empresariales, hasta fabricantes de moda, distribuidores de energía verde, arquitectos y varias cooperativas. El punto de encuentro entre todas ellas es el plantear sus negocios desde una perspectiva sostenible y en un tamaño óptimo, basado en las personas y en armonía con el medio ambiente, entendiendo que las empresas son los verdaderos agentes de cambio social.

Los beneficios de las empresas hablan de la cantidad y de los procesos y productividad, pero no dicen nada de la influencia que tienen éstas en su entorno (trabajadores, proveedores, sus familias, la localidad donde se ubican…), ni cómo contribuyen al bien común.  La búsqueda del Bien Común no está en contra de tener unos resultados económicos favorables, sino que la clave es qué se hace con esos superávits.

En estos momentos de crisis del modelo económico, se plantea la oportunidad de generar un cambio. Herramientas como el Balance del Bien Común facilitan los indicadores, no sólo cuantitativos sino también cualitativos, de cómo lo están haciendo las empresas, ofreciendo a los clientes la información necesaria para que hagan un consumo responsable.

Unir empresas que cooperan para ofrecer productos y servicios más completos a sus clientes y compartir recursos; convertir en cooperativas empresas tradicionales que se encontraban en situación de cierre; programas de salud ambiental en las empresas; donación de recursos y de tiempo laboral a proyectos solidarios; gestión responsable de los proveedores  valorando otros aspectos además del precio; ofreciendo espacios sanos para vivir y trabajar; haciendo un marketing ético y respetuoso con la capacidad de compra informada del cliente; buscando segunda vida para los suministros de oficina, y dispositivos electrónicos;  utilizando energías renovables y eligiendo transporte con mínimo impacto para reducir la huella de carbono en toda la cadena productiva o elegir bancos responsables y que no especulen con negocios no éticos… Son algunas de los ejemplos que se presentaron como casos de éxito en la implantación del Balance del Bien Común.

En el caso de las empresas agrícolas se han presentado propuestas encaminadas a recuperar el minifundio, cultivar con criterios ecológicos, evitando el abandono de las tierras de cultivo, ofreciendo productos de calidad sin encarecer el precio con intermediarios que no aporten valor, formando a las nuevas generaciones para que sepan apreciar la calidad y variedades de los productos de la tierra.

Las empresas éticas son un modelo de vida y es replicable a todos los niveles. Se trata de hacer negocios volviendo a poner a las personas en el centro, reconstituir la confianza entre las personas, y que los consumidores sean conscientes de su poder decisorio y de su capacidad de influencia sobre las empresas.



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