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Entrevista a Pilar Bordetas, Directora General de Agroalimentación y Calidad

En seguridad alimentaria, “nos sobra garantía pero nos falta confianza”

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14/06/2011

“Confianza, una palabra sencilla pero cuestionada, ahora más que nunca en boca de todos, en el ámbito político, en el económico y ahora también en el agroalimentario”, esta fue la respuesta de Pilar Bordetas, Directora General de Agroalimentación y Calidad, una compañía de servicios que asesora a la empresa agroalimentaria en sistemas de calidad y legislación, ante la pregunta de Infocalidad: ¿Comemos con confianza?

“Si la sumamos a los términos seguridad alimentaria, ya tenemos las tres palabras más utilizadas en los foros de encuentro, cuando el tema son las cosas del comer”, continuó Bordetas, que destacó el compromiso adquirido por productores y empresarios del sector ante la preocupación de los consumidores en la calidad de los alimentos. “Estas palabras son el lema de las nuevas legislaciones europeas, el motivo para la creación de nuevos órganos administrativos”

¿Podemos confiar en los alimentos que consumimos?

Todos los productos agroalimentarios que se comercializan legalmente llevan implícita su seguridad para el consumidor, todos, y el consumidor confía en quien pone su marca en el producto, en el establecimiento que lo comercializa, o en la recomendación del dependiente, pero no es un acto de confianza avalado por el conocimiento. Me refiero al conocimiento de lo que hay detrás de esa garantía a los consumidores.

¿Qué hacen los productores y las empresas para garantizar sus productos? ¿Cómo se trabaja para garantizar la seguridad alimentaria?

En realidad, se trabaja mucho y desde todos los agentes implicados, siendo Europa, con una diferencia importante, quien establece los requisitos más rigurosos de producción y control.

En primer lugar, se trabaja en el cumplimiento de la legislación. La administración, ha aplicado numerosas medidas para prevenir cualquier incidencia que pueda afectar a la salud y seguridad de los consumidores.  Los diversos documentos legislativos de todo ámbito, que se aplican a la totalidad de los productos y procesos, no se basan únicamente en los controles al producto final, sino en la implantación de programas de trabajo basados en el análisis de sus procesos y la aplicación de medidas preventivas ante la posible aparición de riesgos, así como en el seguimiento de la trazabilidad de los productos.  Estos criterios son la base de los controles oficiales, establecidos por las autoridades españolas y comunicados regularmente a las europeas, tanto en lo que a su ejecución se refiere, como a los resultados obtenidos en las inspecciones realizadas.

¿Qué nos puede decir del trabajo realizado por los agricultores y ganaderos?

Nuestros agricultores y ganaderos, es decir, los productores primarios, han dado un gran salto cualitativo para garantizar la fiabilidad de sus productos en origen. El desarrollo de nuevos protocolos aplicados a las prácticas de producción, han acercado este sector a nuevos estándares de calidad. Los productores, a petición de sus propios clientes, se someten permanentemente a procesos de certificación, mediante la evaluación y auditorías, realizadas por parte de expertos externos que analizan, con detalle, las instalaciones productivas, el proceso de producción, la formación del personal implicado y los controles realizados al producto final.

¿Qué sistemas de calidad ayudan al sector a generar más confianza en el producto?

Las empresas que presentan al mercado sus productos elaborados, además del control que ejercen sobre sus proveedores de materia prima,  aplican numerosos sistemas encaminados a la prevención de alteraciones en sus productos durante el proceso de elaboración. Sus sistemas de gestión de la seguridad alimentaria, están basados en exigentes protocolos internacionales como BRC, IFS, ISO 22000 y otras normas que deberían generar esa confianza, pero que sólo son conocidas en el ámbito de los profesionales.

La certificación de estos protocolos de seguridad alimentaria, no se traduce en un sello de información para el consumidor, por lo que se corta la cadena de información. Con todo ello, podemos encontrar en el mercado numerosos productos que, disponen de un certificado de producto, que demuestra la verificación de todos los pasos anteriores, realizada por una entidad externa, independiente y reconocida, pero que no exhiben en su etiqueta ese sello de garantía.

Si a esto le sumamos el exhaustivo sistema de vigilancia oficial, realizado a lo largo de toda la cadena de producción, reducimos al mínimo las posibilidades de comercializar productos que puedan ser deficientes, por lo que la confianza debería ser total.

Teniendo en cuenta los servicios prestados desde Agroalimentación y Calidad, ¿qué productos demandan más auditorías de calidad y más asesoría como Departamento de Calidad Externo?

Todos los productos por igual, siempre que se vayan a comercializar a través de grandes cadenas de distribución o empresas de exportación, es decir, cuando se hace necesario demostrar a terceros, que tenemos implantados esos rigurosos protocolos de calidad y seguridad alimentaria. Muchas empresas tienen implantados sistemas de trabajo bien documentados, pero no dan el paso final de la certificación hasta que no es una exigencia de sus clientes, principalmente, por los costes que supone.

Los promotores de los esquemas de certificación privados, no facilitan los datos reales de su aplicación, pero podemos hacernos una idea sabiendo que en España hay más de 2.000 empresas que disponen de alguno de estos certificados. Según el último informe emitido por la organización ISO, hay más de 14.000 certificados de ISO 22000 en 128 países y España ocupa el cuarto lugar en Europa, con más de 250 empresas certificadas en esta exigente norma, específica de seguridad alimentaria.

¿Cree que estas garantías son percibidas por el consumidor?

No, no son percibidas. En primer lugar, porque, como decía, le falta información sobre las actividades de control y los esquemas de calidad aplicados, que por su condición de “trabajo interno”, se mantienen en el ámbito de las relaciones profesionales, por lo que no se transmite debidamente a los consumidores todo el esfuerzo realizado y en definitiva, no se transmite confianza.

Por otra parte, porque en demasiadas ocasiones, sólo se difunde la parte negativa de las situaciones. La expresión de que “la normalidad no vende, no es noticia” es, para el sector alimentario, una práctica habitual y vende la excepción, el incidente, de forma que siempre que se habla de seguridad alimentaria, se habla en términos de crisis.

También, puede admitirse que la proliferación de nuevos y numerosos sellos en los productos, referidos a muy diversas características, llega a crear confusión en los consumidores, pero eso nunca puede dar lugar a desconfianza y eso es una asignatura pendiente para todos, administración, operadores, informadores y también para los propios consumidores, que disponen de herramientas poco utilizadas para resolver sus dudas.

¿Propone alguna solución?

Nos sobra garantía pero nos falta confianza, sin duda, derivada de que nos falta información, aunque suene extraño en la era de las comunicaciones. Tal vez, es el momento de que la administración presente y comunique públicamente sus programas de control, con las cifras de su resultado.  Por su parte, las propias empresas, deben tender a unificar  esos esquemas o normas de trabajo y presentar con mayor claridad, no a los profesionales, sino directamente a los consumidores, las implicaciones de los programas de calidad y seguridad alimentaria que aplican en sus procesos.



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